No te marches, todavía.

Aunque sea época de frío, el calor de tu ausencia inunda la habitación. Estamos obviando la tristeza de tu partida, dile a tus maletas que no corran a la puerta. Pronto podrás irte, mientras tanto acompañame con una copa de vino para cerrar la clausula de nuestro amor.

Mientras te sirvo no puedo dejar de pensar en lo maravilloso que te ves con pantalones, un rostro más relajado, aunque tengas los ojos llorosos, el reflejo de tu felicidad.

Brindemos por los buenos momentos. Unos perfectos amantes bajo una Luna que admiró nuestro amor, junto a las estrellas.

Toma un sorbo, mientras recuerdas mis labios en cada parte de tu cuerpo, yo tomaré uno en el nombre de los suspiros que ahogaste con tus besos, cada vez  que reclamaste mis movimientos.

No es necesario que tengamos un discurso de despedida, si al final. Solo cuenta lo perfecto que fue mientras duró. No creas que tienes derecho a otra copa, no puedes ser libre si estás atado a tu pasado y con un vicio.

Déjame tomar tu copa, como símbolo de paz y afecto. La guardaré como todos los momentos que vivimos entre vino y calor.

Puedes marcharte, y si no crees estar listo; me marcharé antes de que terminemos en la alfombra de la sala.

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Pierdeme en tu mirada.

No es necesario pronunciar muchas palabras, con su mirada intensa me pierde en un laberinto, verde esmeralda.

Me deleita con un beso, acompañado de una caricia que embriaga.

Y disfruto despertar cada mañana fría, en el calor de su cuerpo. Anhelo que los días sean tan largos para aprovechar su exquisita compañía.

Seduciendo cada estrella, con una danza nocturna, mientras el vino nos hace valientes.

Cada centímetro de su alma se refleja en esos ojos que pierden, en esas manos que queman, y en esos labios que enloquecen.

 

Frío.

En un lugar, desolado, con mucho viento, me encaró… El frío se hacia presente, y quería adueñarse de mí. Con el corazón a flote; lleno de dolor, quise correr del lugar que tanto amé, porque las circunstancias me lo pedían.

Mi corazón exigía que me alejara del presente que olvidara lo sucedido, para encontrar primavera en otro sitio, apunto de levantarme; los recuerdos me golpearon, mientras las lágrimas inundaban mi rostro; las rosas se congelaban, y mis brazos tomaban impulsos.

Intentando escapar del frío que sembré, recordé los momentos que reí en el mismo lugar, como anhele llegar allí, y sí, me encontraba en donde había soñado. Decidí afrontar la situación, me quité la chaqueta por la ocasión, necesitaba estar a la altura.

Y entonces te vi… con los puños cerrados y las oportunidades evaporadas, los sueños rotos, además de una nariz congelada. Te tomé del hombro y abracé tu reflejo, le devolví las caricias y los besos que un día me salvaron, porque necesitaba liberarme de tu recuerdo.

Sin más que decir, tomé mi chaqueta y me marché a un sitio donde nunca hacia falta el calor,porque ya no te necesitaba, aunque el frío de tu persona me hubiera consumido, y fueras perfecto, no me daba cuenta de tu gran defecto.

A medias.

Como todos los días la rutina era su fantasma, con el cual había aprendido a vivir. Con un cariño enorme, se entregaba a la monotonía que su amor provocaba.

Un amor a medias; medio querer, con sentimientos incompletos y con acciones frustradas.

Pero cuando aquel hombre de ojos verdes aparecía, el descanso era eterno, se ilusionaba por completo, se olvidaba de si misma y del amor que una vez se tuvo.

Entre sus brazos dormía y la soledad esperaba su turno para abrazarla cuando se diera cuenta de su querer fingido.

No era rara por no enamorarse, era muy inteligente para caer en sus mentiras.

 

Dame todo, menos esperanza.

Podría desear amor, suspiros, gemidos, y tristezas, excepto miles de esperanzas para aferrarse a un imposible.

Eso rondaba en mi cabeza cada vez que esperaba el amanecer, no era necesario un despertador, la bulla de tu ausencia se encargaba de empujarme a un nuevo día.

Enredada en mi cama, me hundía en sueños y pensamientos vanos, recolectando los momentos que paso y puedo pasar contigo, pero la sombra del fracaso me seguía.

Dame un día para enamorarte, un suspiro para protegerte, tu amor para conservarlo, tus sueños para velarlos, tus pensamientos para rondar en ellos, y tus caricias para perderme en ellas, dame todo menos esperanza para creer que esto puede ser y terminar ahogada en decepción.

Porque todo es más fácil cuando no esperas nada. 

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La elegancia de tu amor.

No era necesario entablar una conversación con el hombre de mirada tierna,  su presencia bastaba para captar la seguridad de su alma.

Ni necesité acariciarlo para hundirme en sus suspiros, ni escribí novelas en su nombre porque para el las palabras sobraban.

Con una postura elegante y unos ojos amables se ganó un espíritu que quizá no quería, pero con humildad le entregué, era la sencillez de su trato y sus manos fuertes las que hacían de su amor una perdición divina.

Un sin fin de pensamientos gratos rondaban por mi cabeza cada vez que me encontraba con ese hombre dispuesto a entregar un amor elegante a la mujer que supiese valorar su ingenuidad.

Encanto permanente.

Permaneces en mis pensamientos, porque tus manos han acariciado mi cuerpo, y no es un delito recordar el frenesí que nos envuelve durante horas, el pecado sería dejar morir este delirio que hace sentirnos vivos a cada segundo.

Es indescriptible el deleite de tu evocación, llena de encanto que día a día me renueva, haciéndome sentir una especie de fantasía intento tener el control, pero prefiero amarme por ti, a vivir sin ti. 

Y sin más preámbulos se hundió en sí misma homenajeando al hombre  dueño de sus corrompidas locuras.

 

Fotografía: Nicotina

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Amarte, amarme 💕👐

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Encanto prohibido.

Una vez más estoy a la espera de tu llegada, ladrón de primaveras: porque me enloquecen las caricias de esas manos prohibidas,me enardece el roce de tus dedos en cada centímetro de mi piel.

Tus manos se han vuelto un vicio del que no quiero salir, el delicado sentir de tus dedos mientras me envuelves en el calor de tu cuerpo.

Regalame la dicha de disfrutar esas manos benditas, que hacen melodía con mi alma.

Al verte y recibir ese beso anhelado me doy cuenta que estoy en un encanto, prohibido para los demás, pero no para este frenesí inigualable.

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Jueves 8:30 a.m.

Como todos los días iniciaba mi rutina a las 5 a. m. Con un suspiro y diez palabras motivacionales.

Con la brisa y el viento en contra, aprendí a taparme con el frío de tu ausencia, mientras acomodaba la casa de mis sueños.

De 6:30 a 7:00 me dedicaba a perder tiempo indicándole al perro como ser el guardián y no aferrarse a la mirada de una chihuahua.

Con una sonrisa en la cara y con el corazón en la mano comenzaba a preparar café, aunque hayas hurtado los ojos de mi alma podía verte sentado con la mirada fija en el periódico.

A las 8:30 a. m. Con 4 tazas de café, los pensamientos más revueltos, y el Viernes pisándome los talones, decidí huir al jardín más cercano, muy lleno de vida y con unas flores celestes que reflejaban paz, me dí cuenta que estaba viva, que las lágrimas eran de libertad y no de tristeza, que el lamento era por el tiempo perdido, y que la soledad siempre había estado conmigo, aún cuando tú querías ocupar su lugar.

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Romanticismo y gemidos.

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Como un artista perfecto, pasó delicadamente los labios por su alma, plasmando días de espera en cada mirada, ya no era necesario un café para despertar, el calor de los cuerpos la hacía regresar a la tierra, como un caballero tomó el control de su cuerpo; poseyendo cada centímetro de su vida; dejando lo bueno y borrando con caricias un pasado tormentoso, un deleite se formaba entre los dos; no había necesidad de prometer estrellas, porque ella solo quería perderse en esos ojos llenos de deseo y nunca encontrarse, con las sábanas arrugadas y la música a su favor, disfrutaron del arte de aquella habitación.