Me tardó más una taza de café

Tardó más mi taza de café que tu amor.

Mi café era mejor que tú, más fuerte y concentrado en hacerme disfrutar, tú no eras ni cremora.

Aunque no me gustan muy dulces, o con caramelos y un sin fin de cosas que le colocan hoy en día… Tú me gustabas con tus manías, porque a veces lo simple necesita de algo, para ser radiante.

Todas nos hemos topado con una taza de café sin sabor, muy caro, para ser tan malo. Porque caro es el precio que pagamos por equivocarnos en elegir una simple taza de café.

Tardó más una taza de café que mis ganas por retenerte a mi lado.

Porque no hay nada mejor que una taza de café fuerte y caliente para darte cuenta del error que has cometido.

 

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Ayúdame a sobrevivir a tu amor

Era muy temprano para pensar, solo quería recordar tus caricias,me intriga apreciar tus ojos, cuando estás envuelto en mi ser. Mientras daba vueltas en mi cama me dí cuenta que,el amor es una muerte anunciada, aunque intentes no lastimarme, lo harás.

Sin pensar más me senté para darme un abrazo, de fuerza porque sé que te irías, pero es difícil olvidar el  reflejo de mi alma en tus ojos. No eras tan malo como parecías, ni tan bueno como te creí.

Pecamos en silencio y el Universo se deleitó con este amor, con unas manos cálidas, me arrullabas, cual niña. Ayúdame a sobrevivir a estas lágrimas que inundan mi cara, de impotencia al no ser tan valiente para hacer que te quedes a disfrutar de la vida conmigo.

Hiciste que te amara, hasta llorar. Porque ni un cigarro me tranquilizaba tanto como tus palabras al oído. Ahora tendré que fumarme otro, mientras espero que amanezca.

Porque las mejores cosas suceden cuando los demás están dormidos, y nuestros sentimientos están a flote de piel. Listos para ser expuestos y consumidos.

Ayúdame a sobrevivir a tu amor, a tus caricias y esos ojos verdes, de los que fui esclava.

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Entre letras

Otra vez no podía dormir, la misma hora, la misma cama y la ausencia se hacia presente; entraba por mi ventana sin invitación alguna, mientras; el frío de la soledad me abrazaba para que no me sintiera abandonada.

No podía regresar, pero si podía hacer que regresaras.

Comencé a escribir sobre las madrugadas llenas de amor, los besos y abrazos adornaron cada segundo; los suspiros no faltaron y las caricias nunca sobraron.

Entre letras sentí el calor de tu presencia, aunque ya no estabas en la tierra.

Deja todo.

No quiero escribirte, no quiero que seas dueño de mis palabras y pensamientos, deja mis suspiros, intento ser egoísta y celosa conmigo, tal vez así dejo de entregarte todo. No te equivoques no lo hago por ti, lo hago por mí y las noches que me robaste, las sábanas sucias que dejaste, y las estrellas que me bajaste.

Necesito un nuevo cielo, uno que tenga muchos fantasmas para poder limpiarlos, no deseo algo eterno, solo algo bueno y sincero. Ya salí de la monotonía, aprendí a darme tiempo, y ahora quiero enseñarle a alguien más.

No te guardo rencor, sólo te pido que te vayas y dejes mis pensamientos y mis letras para poder dárselas a alguien más, las madrugadas que te dí no puedo quitártelas, ahora serán parte de tu pasado, las espinas me las quedo como recuerdo.

Tantas espinas me diste, que terminaste sangrando por querer regresar a quitarlas.

No me robes suspiros.

No me robes suspiros, amante de lo ajeno, quedate en silencio y no digas más, porque cada palabra me llena, cada beso me complementa y esta distancia no la soporto ya.

Devuelme los pensamientos que has acaparado, porque no quiero un centro lejano, sino uno fuerte, intenso pero delicado.

No me beses por impulso, ni por deseo, hazlo porque tus labios no puedan separarse de los míos, dueño de lo ajeno.

Devuelme los suspiros que te he dedicado durante largas horas, la noche tiene tu nombre,la luna tus caricias mientras la sábana guarda el calor de tu cuerpo.

Quiero ser yo la que te robe suspiros, la que invada tu mente, y sea dueña de tus noches.

No creas que le escribo a un hombre durante la madrugada reclamándole los suspiros que me está robando, deja la diversión y concentrate tanto como para darte cuenta que esto no es por ti. 

La luna en una taza de café.

 

Delicado pero fuerte, sin conocerlo entre sus labios se acurrucó, admirando sus facciones un suspiro soltó, con la luna en la ventana y con el frío a su favor pudo darse cuenta que no había mejor sensación.

En una taza de café, entrégame la luna y cuéntame al oído como invadí tu mente y no salí, recítame con galletas lo difícil que ha sido soltar mis caderas porque el tiempo no ha querido parar, dime si me has soñado, si te has entregado, si tu alma se entregó a otros ojos, puedes ver como el humo se entrelaza siendo un reflejo de nuestra energía. 

Solía recordar la chimenea que sintió por un amor aventurero, por esa corriente que invadía su ser, al estar enredados en la cama, con suspiros y con nudos en la garganta espera que ambos se den cuenta, del error que cometieron al hacerle caso a la razón y no quedarse a dormir juntos durante la madrugada en la que ambos se entregaron en una luna llena, con un aire lleno de culpa porque estaban disfrutando como nunca antes lo habían hecho…

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Con una taza de café y los pensamientos fuertes espera por tener a su amor devolviendole la madrugada que le robó.

Querido cáncer.

Hola, células cancerígenas, debería de odiarlas por robar vidas, pero… ¿Qué culpa tienen de matar? 

 Pensaron en mi familia, en mi abuela paterna, en una hermosa rosa,al principio no sabía realmente lo  que eran ni como funcionaban, ni sabía en donde estaban….

Lo poco que recuerdo son las caminatas por el corredor para aliviar el dolor, también el sillón en el cuarto, la pérdida de apetito, las náuseas, los dolores de cabeza, los quejidos y la sonrisa.

Siempre me pregunté si algún día se irían, solo le pedía a Dios que estuviera con nosotros y que ustedes se fueran. ¿Sabían que ella me peinaba? ¿No? Les contaré… De pequeña para ir a el kinder me hacía dos trencillas, una de cada lado, no me jalaba el cabello, y me gustaban.

Solía participar en todos los concursos, me enseñó a declamar y a jugar con retazos, a ser siempre la primera, en cada concurso estaba ella en primera fila, sonriendo, dejaba a mis papás en casa para irme de vacaciones con ella, recolectabamos eucalipto.

Se fue a vivir con mi tía, y ya no existieron las trencillas, cada vez entendía menos, creo que ustedes ya estaban presentes…

Para Navidad siempre actuábamos historias, era una mini presentación, la última fue en su cuarto, aunque tenía dolor sonreía y nos aplaudía, pude notarlo porque entre cerraba los ojos.

Me decía que las mujeres fuertes no debían de llorar, la vida así te instruía.

– ¿Miras aquella estrella?

Si, abue.

– Pues cuando ya no esté aquí,  siempre estaré brillando fuerte.

¿Se iba de viaje? No lo sabía, yo también quería ir.

Pasó el tiempo y ya sabía que algún día iba a partir.

Una tarde nos llevaron a verla, estaba muy mal, el dolor no calmaba ni caminando, ni sentada, no dejaba de gritar, quería ayudarla, ser una superheroína para aliviarla.

Esa mañana desperté desde temprano, quería verla, no me moví de la cama, cuando escuché que llamaron a papá para decirle que había muerto, me volví a dormir porque de seguro había escuchado mal. Pero no, en serio se había ido, ustedes habían terminado con ella.

Gracias por la estrella y la lección. 

Posdata: No es por ser mala, pero ojalá y encuentren la cura.

Con amor…

La niña que no volvió a declamar.

El cactus le tiene miedo a sus espinas.

Largas y afiladas, estaban por todas partes para que nadie me lastimara, era como un libro; cada una era una página, con un contenido lleno de miedos, de luchas, de amores y suspiros.

Todo iba muy bien, nunca quise leer las espinas por miedo a recordar y vivir, alejaban a quienes con engaños intentaban arrancarlas para sembrar nuevas, materialicé la frialdad, la arrogancia, y el ego. Me cerré aunque nadie se diera cuenta.

Mis sueños fueron los culpables, comenzando a descansar, recordé un momento, lo soñé, lo sentí, lo viví, después de tantos años sin pensar en ti, sin recordarte, apareces de la nada, para ser lo que fuimos.

¡Me alegré! Verte otra vez, reír junto a ti, sentir tu piel cálida, hacer contraste en el mundo, eramos tan diferentes con los mismos objetivos.

Fue lindo mientras duró, un suspiro me despertó y me di cuenta que las espinas con tu nombre se habían obscurecido como mis pensamientos, se estaban cayendo, ¿Sonreír o llorar? Al quererlas recoger,  me  lastimé, ya no eran parte de mí, ahora alguien más las obtendría y con ellas irías tu.

Había olvidado el contenido de tu amor, de las espinas, nuestras espinas, para esperar  a alguien más que con besos y caricias me diera unas nuevas.

La aurora en invierno. 

Una tarde de Noviembre me recuerda la aurora en tu piel, hermosa pero fría, sin dudar la contemplé, sin balancear te acaricié, sin aliento me quedé, con el corazón en la mano te ame, qué lastima que la aurora se acabe y nuestro amor termine, lastima no encontrarte en la tranquila y majestuosa noche. Tan frío como el invierno, pero hermoso como la aurora, el viento soplaba y mi corazón se aceleraba por otra aurora más, en la noche nunca te encontré, ni me esforcé por buscarte tan prohibido eras que sabía que no iba a encontrarte.  Te robé más de un atardecer, pero nunca te entregaste en un anochecer porque a otra mujer tenías que enloquecer. 

Logré florecer una vez durante cien años de vida.

La fría madrugada pero acogedora me hizo recordar a esas flores que un día me adornaron. 

Unas espinas hermosas sin un porqué invadían mi ser, no necesitaba caricias para vivir, acostumbrada a la frialdad, la soledad era el resultado. 

Un día alguien quiso tocarme, acariciarme, con una mente negativa, acepté. A un sendero desconocido entré, recuerdos y suspiros inundaron mis sentimientos escondidos, florecí. 

Me sentía viva, hermosa, halagada, descansada, en paz. La armonía curaba mis pensamientos, la locura manejaba mis sentimientos. Pasaron los días, las mariposas, las citas, y los besos. Algo raro ocurrió, las flores comenzaron a perder su color, la vida, la esencia, la desesperación era mi comandante, la duda mi asesora y la desilusión mi amiga. 

Nada cambió y todo empeoró, era el fin, mis flores cayeron, mis espinas quedaban al descubierto, sin embargo, aprendí a que sigo siendo flor aunque tenga espinas. 

Una vez logré florecer en cien años, tomé nota de lo aprendido y escribí. 

Cien años vivimos, una vez florecemos, por eso no hay que dejar que cualquiera nos haga florecer. 

Y si, soy un cactús.