Una vez más estoy a la espera de tu llegada, ladrón de primaveras: porque me enloquecen las caricias de esas manos prohibidas,me enardece el roce de tus dedos en cada centímetro de mi piel.

Tus manos se han vuelto un vicio del que no quiero salir, el delicado sentir de tus dedos mientras me envuelves en el calor de tu cuerpo.

Regalame la dicha de disfrutar esas manos benditas, que hacen melodía con mi alma.

Al verte y recibir ese beso anhelado me doy cuenta que estoy en un encanto, prohibido para los demás, pero no para este frenesí inigualable.

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