La vida es una escuela en dónde mejoras o empeoras como persona, vivimos desde pequeños con reglas básicas, y así vamos creciendo, con nuestro libre albedrío tomamos decisiones buenas o malas, caemos, tropezamos, nos ahogamos, pero regresamos con las fuerzas triplicadas, o quizá nos quedamos allí.

He aprendido que la belleza está adentro, y nos encargamos de exteriorizarla, si nos sentimos bien con nosotras mismas, los demás lo harán, aparte es el ego y el valor; me valoro y sé que soy capaz de llegar a mi meta, soy egocéntrica y sé que nadie más llegará si yo no llego. Si nos alientamos, nada durante el día nos hará caer, tal vez temblar pero no caer.

He aprendido que para vivir bien, no basta con tener la mejor rutina, o menú alimenticio, antes de todo debemos de estar agrecidos con Dios; teniendo la convicción de ser guiados por él día a día.

Si pienso positivamente y contagio a los demás, todo será armonía, es mejor callar que gritar.

He aprendido a vivir con cada detalle hermoso de la vida, a contemplar desde un suspiro, hasta una Rosa.

Aprendí que las etiquetas sociales no deben de perjudicarte, ni definir quien eres, porque todos desde el momento en que nacemos ya somos alguien.

Sé que las oportunidades no llegan dos veces, y por lo tanto se debe de aprovechar lo que tenemos en nuestras manos al máximo.

Si hoy estás arriba mañana estarás abajo, y si estás allí que sea para ayudar a subir a los demás.

Aprendí que todos son buenas personas, hasta que te apuñalan por la espalda.

Practico un dicho propio: “Ayuda al necesitado, y que no te importe a dónde vayan los fondos”. Porque muchas veces cuestionamos a las personas y solo Dios tiene ese derecho.

El dinero no es eterno, va y viene. Si no disfrutas el hoy, mañana ya no habrá tiempo.

Sé que he aprendido tanto y aún así no es suficiente.

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