Me dirigo de la manera más cordial señorita, para usted son estas palabras… Usted que se ha metido en mi matrimonio, no solo en la cabeza de mi marido, en las de mis hijos y mía también. A usted que no lo hace por amor sino por pasar el rato, si, a usted me dirigo señorita, no la llamo dama, porque una dama no intenta destruir a las personas, no envía pensamientos de odio, una dama come callada, por respeto, porque sé que el amor no tiene fronteras, porque el que ama no daña, si fuera por amor no intentaría destruir mi hogar.

Usted que con sus llamadas a media noche despertaba a mis hijos, le pido que nos deje de llamar porque es mi hogar, y no es por él, es por la integridad de mis hijos. 

Si con la primera rosa que encontró en su camino, mi querido esposo, quiso abandonarla, tenga por seguro que lo hará con la segunda o con la tercera.

Mis más sinceras condolencias a su dignidad, pero por favor ya no nos vuelva a buscar, le escribo de mujer a señorita, porque mi respeto es tanto que no la llamo de otra manera como usted ha hecho conmigo.

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