Un día como cualquiera, los buses urbanos hacían su recorrido y yo con ellos. 

Cansada de ver pasajeros enfrascados en su mundo, mis ojos fueron a dar con una jovencita; tan ingenua como nadie…

Me reí de su mirada, en ella se reflejaba la sencillez de su vida. Me reí de sus sueños fantásticos, mi soledad también se rió al verla, su felicidad se reflejaba en su rostro, no era capaz de llorar en silencio, porque podía ser sincera enfrente de los demás, vivía como pez en el agua, creía en los cuentos de princesas y las carcajadas seguían en mi cabeza. Las lágrimas inundaron mi corazón, cuando su sonrisa se hizo presente, de la nube se bajó, para dedicarme una sonrisa y destrozar mi vida, al verme reflejada en ella años atrás. Reí hasta que no pude más porque ya no había tal ingenuidad en mí, reí al recordar lo ilusa que fui para construir un castillo de deseo, y que el destino fuera el encargado de destruirlo.

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