Messieral

Perderán el sentido las mañanas
cuando las hojas muertas del otoño
dejen de recitar los versos de tus dramas.

Y llorarán las aves extinguiendo las hogueras
de revolución que, solas, aún gimen por todas las aceras,
será infortunio o satisfacción cada caricia futura,
dependiendo del honor, que guardes en la piel de tu armadura.

Porque los rizos de esa princesa no son tan azules, ni tan blancos,
tiene piedras que hieren sus pies, dentro de los mismos zapatos,
y ha caído embrujada en un engaño mayor, tan irresponsable,
es tan obvio que no ha iniciado, desde hoy, todo este desastre.

Sigue el viento soplando y se mece agitando los mares,
nos confiesa el pecado mayor de cada uno que no talles
y sin tanta paciencia anuncia el fin de los siglos cansados
como anuncia la lluvia los charcos y el duelo este llanto.

Y la ves caminar con esmero, se tropieza…

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