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Luego de tener una larga plática con mi soledad acompañadas por una taza de café, mientras hablábamos de amores y traiciones; quisimos darnos un respiro de multitud porque vivíamos en una monotonía asfixiante. Ya teníamos un horario ciegamente establecido; un buen desayuno por la mañana, un almuerzo de películas, un té de libros y una exquisita cena de suspiros con sabor a café.

Te mencionaba muy seguido, pues aunque estuviera ocupada, estabas en mi mente viendo cintas con cada uno de los momentos que vivimos, cada suspiro, cada mirada atravesando mis sentimientos, sin dejar atrás ese cigarro característica de tu cansancio. Entre frases para superarte me di cuenta que estaba cálidamente acompañada por mi soledad, aunque me ahogara de recuerdos ella estaba para darme un salvavidas en ese lago de tristeza, el cual fue secándose poco a poco.

Durante la rehabilitación, describí lo hermosa que era aún sin las huellas de tus besos en mi piel, el perfume de cigarro había desaparecido quedándome con una fiesta de paz.

Durante mi descanso, he notado a un extraño en una banqueta al otro lado del parque, su aspecto es raro con una barba grande, un sombrero y un periódico alegrando su estancia mientras se acerca.

Buenas

tardes.

Dijo, cuando levanté la mirada, vi esos ojos grandes y penetrantes robándome el oxígeno, justo cuando creí que ya te había olvidado.

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